Sueño arquetípico

Categoría: Interpretación de sueños

Los grandes sueños y los pequeños

Jung habló de los sueños en dos grupos: los grandes (große Träume) y los pequeños (kleine Träume). Los pequeños se arman con el residuo del día y con preocupaciones personales, y se olvidan bastante pronto. Un gran sueño sigue nítido durante años y deja a quien lo soñó conmovido o sobrecogido. Su contenido trae imágenes míticas y religiosas que la vida corriente de quien lo soñó no explica. La línea divisoria no la marca la extensión del sueño ni lo intrincado de su trama, sino los años que lo recuerdas y la fuerza con que vuelve la emoción al recordarlo.

Recuerdos, sueños, pensamientos, el libro de memorias que Aniela Jaffé compuso a partir de conversaciones con Jung, recoge sueños así de su propia vida. El más citado es el de una casa en la que cada planta más abajo pertenece a una época más antigua, hasta que debajo del sótano llega a un estrato prehistórico. Jung tomó ese sueño como indicio de que hay capas a las que su propio recuerdo no alcanzaba. De ahí sale la manera de leer según la cual las asociaciones personales no bastan y el sentido solo aparece cuando la imagen se coloca junto a patrones míticos extendidos por toda la humanidad, un procedimiento llamado amplificación.

Cómo se reconoce un sueño arquetípico

No existe una lista oficial que decida si un sueño es arquetípico. Aun así, se han descrito varias señales. Una es la calidad del sentimiento: temor reverencial, o algo cercano a lo sagrado (lo numinoso), con un regusto que dura mucho después de despertar. Otra es la procedencia de las imágenes. Motivos como el diluvio, el árbol del mundo, la muerte y el renacimiento o la oposición entre luz y oscuridad llegan de un modo que la historia de quien sueña difícilmente explica.

La forma del relato también puede parecerse al mito o al cuento popular: el viaje del héroe, el descenso al inframundo, el matrimonio sagrado (hieros gamos). Y está la convicción propia de que aquello no fue solo un sueño. Conviene sostener esa certeza subjetiva con la mano floja, porque el hábito mental de ascender un sueño vívido a posteriori adopta exactamente la misma forma. Tampoco hay que degradar los sueños que no muestran ninguna de estas señales. Un sueño cosido con los fragmentos de un día cualquiera suele mostrar con más claridad un atasco concreto de tu vida.

Los momentos de cambio y los sueños arquetípicos

Sueños de este tipo se han contado en la adolescencia, en la mitad de la vida, al jubilarse, tras una muerte, durante una enfermedad grave: los momentos en que una postura antigua deja de servir. No se puede aportar ninguna cifra de frecuencia, y parte de lo que ocurre es que en esas épocas la gente recuerda los sueños con intensidad y sale a buscarles sentido. Jung llamó compensación al trabajo autorregulador del inconsciente y sostuvo que cuanto más se inclina la conciencia hacia un lado, con más fuerza vuelve la imagen contraria. El cuadro desconocido se levanta justo cuando la adaptación existente se ha quedado sin margen.

Toma la mitad de la vida como ejemplo. El papel social construido en la primera mitad (la persona en el sentido jungiano) empieza a apretar, y los lados que se mantuvieron abajo (la sombra, el ánima o el ánimus) empujan hacia la superficie. Los sueños de muerte y renacimiento, de partir hacia un país desconocido, de encontrarse con un anciano o un sabio se citan como ejemplos de este tramo. Lo que conviene evitar es leer un sueño así como el anuncio de un cambio que viene. Lo que el sueño informa es la incomodidad que ya está en marcha. Tomado como anuncio, te deja esperando el próximo sueño en lugar de moverte.

Cómo acompañar un gran sueño

Cuando llega un gran sueño, lo práctico es no fijar su sentido con prisa. Las asociaciones personales no alcanzan, así que se recurre a la amplificación: la imagen se coloca junto a material del mito, la religión, el cuento popular y la alquimia para ver qué formas ha tomado en distintos lugares. Reunir paralelos, sin embargo, no es la meta. Si repintas tu sueño con un relato prestado de otra cultura, pierdes de vista en qué punto de tu vida te está tocando.

Sacar la imagen fuera de ti dibujándola, modelándola en barro o escribiéndola como poema la mantiene a mano mucho más tiempo que un resumen verbal. También puedes continuar el sueño con la imaginación activa. Da por hecho que el sentido no quedará fijado de una vez: no es raro que una lectura encaje años después. Si en cambio los sueños abrumadores se repiten y te da miedo dormir o el día deja de sostenerse, hablar con un centro médico o con un servicio de acompañamiento psicológico va antes que cualquier interpretación más profunda. El tamaño de un sueño no es motivo para cargarlo a solas.

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