Censor onírico
Categoría: Psicología
El censor y el disfraz del sueño
En La interpretación de los sueños (1900), Freud recurrió a la palabra censura para explicar por qué un sueño no muestra tal cual un deseo inconsciente. La censura se sitúa como un puesto de control entre lo inconsciente y lo preconsciente, y no permite que un deseo moral o socialmente inaceptable atraviese con su propia forma. Sin embargo, la energía de un deseo no puede retenerse por completo, de modo que la censura llega a un compromiso y admite imágenes que han cambiado de aspecto. El censor onírico, entonces, no aparece dibujado como un muro que bloquea el deseo, sino como un guardián que lo reconstruye hasta volverlo irreconocible y lo deja pasar. Cuando quedó montado el segundo modelo (yo, superyó, ello), el trabajo de ese puesto de control pasó a discutirse del lado del superyó y de las resistencias del yo.
Cómo se fabrica el disfraz (condensación, desplazamiento, simbolización)
Freud llamó trabajo del sueño (Traumarbeit) a las operaciones que, bajo la presión de la censura, rehacen el contenido latente en contenido manifiesto. La condensación agrupa varios pensamientos en una sola imagen, de manera que una única figura del sueño carga a la vez con los rasgos de varios conocidos. El desplazamiento traslada el peso emocional desde el asunto verdadero hasta algo trivial y corre el punto al que el sueño parece apuntar. La simbolización cambia un deseo abstracto por la forma de un objeto concreto. Como se superponen, el contenido manifiesto acaba muy lejos del latente y el sentido original queda oculto incluso para quien soñó. El recuento varía según la fuente, y algunos tratamientos incluyen la elaboración secundaria de la que se habla más abajo. Antes que memorizar cuántos recursos hay, ayuda más notar que todos empujan en una misma dirección: cambiar la apariencia sin diluir el sentido.
La elaboración secundaria y los sueños de angustia
Freud dijo también que la fuerza de la censura no es constante. Dentro de ese marco, los sueños de angustia y las pesadillas se explican como un estado en el que algo mantenido abajo se ha escurrido por el disfraz y ha llegado a la conciencia, es decir, un fallo de la censura.
El otro elemento que merece nombre es la elaboración secundaria. Designa el trabajo por el cual las imágenes dispersas se ordenan hasta que el sueño se sostiene como relato. La tendencia a limar la trama cuando le cuentas un sueño a alguien puede verse como su continuación. Por eso un registro de sueños guarda más pistas si conservas los fragmentos que tenías al despertar en lugar de convertirlos en un resumen coherente.
Qué utilidad le queda a la idea de censura
El aparato censor en sí no ha recibido apoyo de la investigación onírica de la segunda mitad del siglo XX en adelante. Los estudios de neuroimagen mostraron que la actividad de la corteza prefrontal dorsolateral cae durante el sueño REM, y se impuso la postura de que la extrañeza de los sueños puede explicarse sin invocar a un agente que censure, como una actividad reducida en las regiones que se ocupan del juicio y la autocrítica. Lo que ha permanecido es la observación clínica de que los asuntos emocionalmente pesados aparecen en los sueños cambiados por otra cosa, y se relee dentro del marco según el cual dormir participa en el procesamiento de las emociones (la hipótesis de la regulación emocional).
Devuelto a la práctica de la lectura de sueños, el uso de este concepto se reduce a un punto: lo que se ve no es necesariamente el tema. Quien aparece en el sueño, o la escena que aparece, no siempre es aquello que te preocupa, y puede ser el sentimiento difícil de decir en voz alta lo que se ha trasladado a otro objeto. Mal manejada, en cambio, esta manera de leer se vuelve peligrosa. De cualquier sueño puede decirse que su verdadero significado está en otra parte, y la interpretación deja de poder refutarse. Como freno, cuando hayas montado un relato sobre la sustitución, contrástalo siempre con hechos concretos de tu vida despierta. Si no encaja, puedes descartar esa lectura sin más. Un sueño no es un diagnóstico, y la metáfora del censor no decide nada sobre tu carácter ni sobre tu salud.
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