Un fondo sin bordes que llena todo lo alto
El cielo es, en el sueño, el paisaje que muestra tal cual una amplitud fuera de tu alcance. No tiene contorno como un edificio o una persona y se extiende detrás de la historia, así que su color y su luz marcan el aire de todo el sueño. Cuando el propio cielo queda en la memoria como protagonista, se lee como una escena en que la mirada va hacia una perspectiva mayor que lo inmediato y hacia la claridad del camino.
¿El cielo del sueño estaba despejado o nublado? En una etapa en que el futuro se ve despejado y en otra en que no se ve nada, el mismo cielo cambia de tono en el sueño. Incluso el color de la hora, alba, mediodía o atardecer, está impregnado de cómo percibes el paisaje que tienes por delante.
Los colores del cielo que miraste
- Un cielo azul sin nubes - Una claridad sin obstáculos se extiende sobre tu cabeza. Mirar un cielo bonito sin más se cruza con un horizonte abierto o la ligereza tras cerrar una etapa.
- El cielo al atardecer - Al final del día, los colores del cielo pasan del naranja al morado. Al despedir un naranja que se apaga aparecen juntos la pena de que algo termine y el paso a otro tiempo.
- Un cielo gris a punto de llover - Es la escena de una luz sin sol, de claridad indecisa. Quedarse quieto bajo ese cielo, con el paraguas aún cerrado en la mano, lleva el peso de una decisión que vas aplazando.
- Un cielo nublado y oscuro - Aunque es de día, el cielo se ha puesto oscuro como la noche. Las nubes negras y bajas se enlazan con preocupaciones sin forma clara que cubren todo lo alto.
- Un cielo lleno de estrellas - Incontables luces se esparcen por la oscuridad. Si te quedas inmóvil mirándolas, la propia pequeñez y una emoción serena ante la luz que aún se ve conviven en la misma vista.
- Un cielo rojo - Con un rojo distinto del atardecer, todo el cielo conocido se tiñe. Ese cambio extraño sobre gente inquieta se enlaza con la alerta ante algo que sacude lo cotidiano.
- Un cielo rosa o morado - Es la escena de un color suave y raro de ver en la realidad. El rato de quedarse embelesado es un momento de ensueño y anhelo, algo apartado de los pasos prácticos.
- Un cielo que brilla o una luz que lo cruza - Destellos o rayas de luz aparecen aquí y allá en lo alto. Mirar con asombro se cruza con un hallazgo inesperado o con algo parecido a un aviso que llega de lejos.
- Dibujos o figuras en el cielo - Las nubes o las luces forman una figura que parece dibujar algo. Querer descifrarla se enlaza con poner nombre a un presentimiento vago.
- Volar por el cielo - Es la escena de entrar en el cielo que antes mirabas desde abajo. Ver el suelo pequeño deja ver el deseo de salir de tu papel habitual para mirar el conjunto.
- Nubes que pasan - Las nubes avanzan cambiando de forma despacio. Seguirlas con la vista vuelve el sueño una escena de despedir cambios que no puedes detener.
- El cielo como lugar celestial - Más allá del cielo se abre un lugar donde están los difuntos o lo sagrado. En español la misma palabra nombra el cielo y el paraíso, y en los sueños que siguen ese doble sentido el cariño hacia alguien que ya no está o una plegaria quedan confiados al cielo.
Protagonista y fondo
Soñar con nubes es un sueño en que la mirada va a las formas y al movimiento en el cielo. En soñar con estrellas manda un punto de luz en la oscuridad, y en soñar con el sol, la fuente de calor y claridad. Soñar con el cielo es mirar toda la amplitud que las sostiene, con el centro menos en una cosa que en la luz y el tono del conjunto. En eso se distingue también de soñar con volar, cuya lectura se centra en el cuerpo que flota y en la libertad de moverse.
En una misma escena nocturna, fijar la vista en una estrella queda cerca de la lectura de las estrellas, y quedar abrumado por la oscuridad y la amplitud, cerca de la del cielo. Fijarte en la forma de una nube o en el azul de detrás son, los dos, sucesos del cielo. Lo que viste primero al mirar arriba decide como qué sueño lo lees.
El cielo ante una gran decisión
Lo que aparece en el cielo del sueño no es el tiempo de ese día, sino cuánto se mueven el rumbo y la perspectiva. En los sueños de una etapa ante una gran decisión sobre estudios, vivienda o trabajo, que el cielo se despeje o se nuble se enlaza con cómo se ve el camino ese día. Tras resolver una preocupación también puede llegar un cielo despejado. Mirar el cielo de una tierra desconocida antes de un viaje o una mudanza también es de esta etapa.
Los sueños de tiempo muy cambiante, en que un cielo claro se oscurece de golpe, coinciden con el ánimo de una etapa en que vas y vienes entre el optimismo y la inquietud. Si el color cambió a mitad del sueño, qué cielo miraste más tiempo, el de antes o el de después, sirve también de señal. Un cielo oscuro que se ilumina y uno claro que se ensombrece cambian en sentido contrario.
La amplitud y la reorganización de la mirada
Los psicólogos Dacher Keltner y Jonathan Haidt trataron el asombro reverencial en un artículo de 2003, «Approaching awe, a moral, spiritual, and aesthetic emotion», y pusieron dos rasgos en su centro. Uno es una amplitud percibida, algo que se siente mucho mayor que uno mismo. El otro es la necesidad de reorganizar el propio marco cuando lo vivido no cabe en la forma habitual de ver el mundo.
Soñar con el cielo, puesto junto a la idea de este artículo, que no trata de sueños, es el escenario mismo del asombro. En un sueño en que te quedas sin aliento ante un azul sin fin o un cielo lleno de estrellas, el tamaño de tus preocupaciones se vuelve a medir junto a la amplitud del cielo. Si al despertar un problema cercano parece algo distinto, ese cambio se lee como una pequeña reorganización hecha por el cielo del sueño.
De mirar hacia arriba a nadar en el cielo
En el sueño del cielo, además del color, la lectura depende de dónde estabas. Desde el suelo, el cielo aparece como una perspectiva lejana o un ideal aún fuera de alcance. Al volar, el cielo es un lugar donde has entrado: no una meta lejana, sino un espacio por el que te mueves. Mirarlo desde un edificio alto o una montaña queda en medio, a una altura que casi deja el suelo.
Una etapa en que solo miras hacia arriba y otra en que te lanzas al cielo marcan distancias distintas con el paisaje que viene. La diferencia entre quedarse a contemplar y adentrarse en él se dibuja a través de ese gran fondo que es el cielo.
El color cerca del horizonte
El horizonte es la línea donde el cielo y la tierra parecen tocarse. Es también la línea donde la perspectiva lejana roza la vida a tus pies. En un sueño del cielo, a veces recuerdas el color justo encima de ti y olvidas el del horizonte. El color de ese borde en el sueño coincide con cómo se unen el paisaje que viene y los días que tienes delante.
Por la mañana, si miras el cielo por la ventana, está ahí el color del día, distinto del soñado. Azul pálido, blanco nublado o gris de lluvia, cambia por su cuenta, sin relación con el sueño. ¿Cuánto de la amplitud que miraste en el sueño puedes llevar al día que pisas?