Gran Madre
Categoría: Psicología
Madre nutricia y madre devoradora - ambivalencia arquetípica
La característica más importante de la Gran Madre está en su ambivalencia fundamental. Por un lado es la Buena Madre que crea la vida, la nutre y la protege; por otro es la Madre Terrible que impide la autonomía, devora y destruye. Esta dualidad se encuentra en los mitos de todo el mundo. La griega Deméter es diosa de la fertilidad y, al mismo tiempo, vuelve estéril la tierra por la rabia de haber perdido a Perséfone. La hindú Kali es una diosa que rige la destrucción y, a la vez, en la devoción se la venera como madre. La japonesa Izanami engendra la vida y después se convierte en un ser temible del inframundo. Jung entendió esta ambivalencia como una figura psicológica que reaparece en las experiencias que giran en torno a la madre. En el centro del arquetipo está el conflicto de recibir vida y cuidado de la madre y tener que separarse de ella para llegar a sostenerse por cuenta propia.
La Gran Madre en sueños - símbolos de mar, tierra y cueva
La Gran Madre aparece en los sueños a través de símbolos muy diversos. El más típico es el mar, origen de la vida y agua materna que todo lo abarca. Un mar en calma simboliza la maternidad nutricia, y un mar embravecido, la maternidad devoradora. La tierra es también un símbolo materno: el suelo fértil representa la productividad y el cuidado, mientras que los terremotos y las grietas expresan el aspecto destructivo de la maternidad. Las cuevas simbolizan el útero y reúnen los dos sentidos de protección y encierro. Soñar que se entra en una cueva sugiere regresión, el deseo de volver al vientre materno; soñar que se sale de ella sugiere renacimiento y autonomía. Las figuras femeninas colosales, en especial las mujeres sin rostro o con muchos pechos, se leen como imágenes de una maternidad arquetípica que va más allá de la madre personal.
Complejo materno y el arquetipo de la Gran Madre
En el planteamiento junguiano, la relación con la madre personal se vive superpuesta al arquetipo de la Gran Madre. Cuando el trato con la madre fue muy protector, se ha sostenido que el lado devorador de la Gran Madre pasa al primer plano y se experimenta como angustia de quedar engullido dentro de las relaciones cercanas. A la inversa, cuando la ausencia de la madre pesó mucho, se describe que el anhelo del lado nutricio se acentúa y toma la forma de buscar protección materna en la pareja o en una organización. En el esquema clásico de Jung y sus colaboradores, el complejo materno en los hombres se comentaba en relación con la imagen del Ánima, la figura femenina interior, y en las mujeres se planteaba como la cuestión de cómo vivir la propia maternidad. Ese planteamiento sigue los supuestos de la época en que se construyeron aquellas teorías y no sirve para dictaminar el carácter ni las relaciones de nadie. Lo que importa en el análisis onírico es la mirada que distingue si un sueño sobre la madre trata de la madre personal o de la maternidad arquetípica. Si el malestar en torno a la relación con la madre se mantiene, conviene no resolverlo solo con la interpretación de los sueños y consultar a un profesional, por ejemplo a un psiquiatra o a un psicólogo clínico.
La Gran Madre proyectada en las organizaciones y en la sociedad
El arquetipo de la Gran Madre no se ha quedado solo en la imagen de la madre personal: también se ha proyectado sobre la manera en que se organizan las sociedades. Cuando una empresa o un Estado actúa como una organización que hace de madre y la autonomía individual parece quedar retenida, se lee ahí el lado negativo de la Gran Madre. Las instituciones que envuelven a la gente con mucho detalle, y el espacio cerrado y confortable que preparan los algoritmos de recomendación, también se comentan como proyecciones de la maternidad devoradora. En los sueños esto puede aparecer como centros comerciales enormes, edificios de los que no se encuentra salida o redes que se extienden sin límite. Por otro lado, la expresión Madre Tierra, empleada al hablar de la protección del entorno natural, se cita a menudo como ejemplo del lado positivo de la Gran Madre asomando en la sociedad. En el proceso de individuación, la tarea es reconocer las dos caras de la Gran Madre y construir una relación autónoma que acepte el cuidado sin quedar engullida.
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