Sueño de iniciación

Categoría: Espiritual

Las tres etapas del rito de paso y la estructura onírica

El etnógrafo Arnold van Gennep sostuvo en Los ritos de paso (1909) que las ceremonias que trasladan a alguien de una posición social a otra suelen desarrollarse en tres etapas: separación, tránsito e incorporación. Los sueños de iniciación recorren a menudo un trayecto parecido. Empiezan apartando a quien sueña de las habitaciones y las calles conocidas, atraviesan una prueba en un lugar que no pertenece a ningún sitio y terminan con un despertar en el que uno se siente algo distinto. Comprobar si están los tres tiempos es el primer paso para distinguir este sueño de una pesadilla de angustia corriente.

La práctica junguiana lee estos sueños como la individuación asomando en forma simbólica. El esquema de las tres etapas, sin embargo, salió del estudio de los rituales y no de la investigación onírica, de modo que funciona mejor como línea de lectura que como plantilla. Etiquetar de iniciático un sueño que no encaja en el patrón suele ocultar los detalles propios de ese sueño.

Motivos de muerte y renacimiento

La escena que más se cuenta sobre estos sueños es una muerte simbólica: morir asesinado, ahogarse, arder, ver cómo el propio cuerpo se desarma. Tales imágenes se han recibido siempre como un par de sucesos, el final de un yo antiguo y el comienzo de otro. El historiador de las religiones Mircea Eliade recogió en El chamanismo (1951) relatos de distintas regiones en los que quien va a convertirse en chamán se ve despedazado y reconstruido a partir de los huesos. Ese registro sirve de anclaje para no leer una escena de muerte como un pronóstico.

En la consulta, el error frecuente es tomar el sueño como aviso de la propia muerte o de la de alguien cercano. Cuando aparece una escena así, conviene empezar anotando qué está terminando: un papel en el trabajo, una relación sostenida a pulso, una idea fija sobre uno mismo. Si algo de esa lista ya se está cerrando, el sueño retrata un cambio en marcha antes que un anuncio.

Pruebas y la aparición de guías

La prueba ocupa el centro de esta clase de sueño. Subir una montaña escarpada, cruzar una cueva oscura, enfrentarse a un monstruo: lo común es que se interpongan y no admitan rodeo. Junto a la prueba aparece a veces un guía, con la figura del viejo sabio, de un animal o de un desconocido cuyo rostro no llega a verse. La palabra psicopompo, que en griego designa al guía de las almas, nombra en origen al ser que acompaña a los muertos; la literatura junguiana la toma prestada para este papel en el sueño.

Una advertencia: soñar que se huye de la prueba no equivale a un fracaso. Si la huida se repite, resulta más útil leerla como el aviso de que la vida despierta todavía no está preparada para el enfrentamiento. Vencer dentro del sueño no es el objetivo.

Sueños de iniciación cuando no hay rito preparado

Mayoría de edad, aprendizaje de un oficio, boda, funeral. Las comunidades tenían antes una ceremonia lista para cada umbral, y el cambio de posición se completaba dentro de ella. En las sociedades industrializadas esas formas se han adelgazado y los umbrales quedan a menudo como sucesos íntimos. Los autores junguianos escriben que el inconsciente puede asumir el rito que ya no se celebra afuera y ponerlo en escena en el sueño. No hay modo de comprobar empíricamente esa idea, aunque sí consta que quienes encuentran uno de estos sueños en un momento de cambio le han leído un sentido.

El manejo es sencillo: anotar la prueba y el guía en un diario de sueños y buscar después la situación de la vida despierta que les corresponde. Sostener ese ir y venir unas semanas suele cambiar la manera en que el sueño continúa. Si los sueños de muerte o de despedazamiento vuelven con terror intenso y empiezan a alterar el día, conviene dejar de lado el simbolismo y consultar a un profesional de la salud mental.

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