Imaginación activa
Categoría: Psicología
Dónde está el límite con la fantasía y el ensueño diurno
La mayor diferencia entre la imaginación activa y la fantasía está en cómo participa el yo. En la fantasía el yo gobierna el relato y produce el giro que le conviene. En la imaginación activa el yo ocupa una posición en la que es observador y participante a la vez, pero no gobierna el modo en que las imágenes se despliegan. Hace falta cierta disposición: dejarse sorprender por lo que emerge y aceptar un giro que no se veía venir. La otra diferencia está en el movimiento afectivo. La fantasía funciona como distracción, mientras que la imaginación activa puede despertar emociones intensas y aparecen escenas cargadas de angustia o de miedo. Que algo se remueva en el ánimo es una pista bastante práctica para distinguir dos situaciones: seguir un relato escrito por uno mismo, o haber tocado algo que está fuera de las propias invenciones.
Dejar que el sueño siga - la entrada más accesible
La forma más accesible de empezar es partir de una escena de sueño que haya dejado huella. Se elige una escena que se cortó, una cuyo final nunca se vio, o una que llevaba una emoción fuerte, y estando despierto se devuelve la atención a ese punto. Lo que viene después no se inventa: se deja en manos de las imágenes que suben por su cuenta. También se le puede hablar a la figura que apareció en el sueño y esperar respuesta. Lo que hay que observar es si las palabras y el rumbo que vuelven coinciden con lo previsto. Si todo avanza según lo esperado, aquello se parece a recitar el guion que escribió el yo, y no pasa nada por detenerse ahí. Al contrario: cuando la respuesta no resulta cómoda, o la escena se mueve hacia un lado que jamás se habría ocurrido, ese es el aviso de que el trabajo arrancó.
Los peligros que Jung advirtió y las condiciones de una práctica segura
Jung dejó por escrito que el método no está del todo libre de peligro. La razón que dio es que puede llevar a quien lo practica demasiado lejos de la realidad. Cuanto más se entra en el diálogo con las imágenes, más peso tiene lo ocurrido allí frente a los hechos cotidianos, y más estrecho queda el apoyo para el regreso.
Tres cosas marcan de verdad la diferencia para seguir con esto de forma segura. Hacerlo solo en una etapa en la que la vida diaria y el trabajo funcionan. Registrar siempre lo vivido, en palabras o en un dibujo, con una forma que se pueda releer más adelante. Y no dejar abierto un diálogo ya iniciado: darle algún cierre el mismo día antes de apartarse. El registro no sirve únicamente para recordar; es además la operación de trasladar una imagen desde lo que ocurre dentro de uno hacia algo depositado fuera.
Cuando el ánimo bajo se prolonga, cuando el sentido de realidad se siente delgado, o cuando la angustia intensa que surgió en el diálogo no se calma, conviene no seguir avanzando en solitario. Esta técnica creció dentro del trabajo hecho junto a un analista. Mientras el estado de ánimo esté inestable, consultar a un profesional va antes que perseguir el significado de un sueño o de una imagen.
Práctica no verbal mediante pintura, arcilla y movimiento corporal
La imaginación activa se puede practicar también con expresión no verbal, no solo con el diálogo hablado. Tal como hizo Jung en el Libro Rojo, una vía es dibujar las imágenes que afloran. Darles volumen en arcilla o en escultura, expresarlas con el cuerpo mediante danza o movimiento, o hacerlas sonar son medios igualmente utilizables. Jung comentó que el acto mismo de pintar es una manera de darse forma a uno mismo.
La ventaja de un medio no verbal es que atrapa aquello que se escapa en cuanto se intenta ponerlo en palabras. Pasar algo a lenguaje lo ordena sin remedio dentro de marcos ya conocidos. Una línea, un color, un bloque de arcilla, la dirección hacia la que se orienta el cuerpo: ahí queda margen para sostener algo cuyo sentido todavía no se ha fijado. Qué medio conviene varía según cada quien, y combinarlos está bien, dibujar primero y luego escribir al lado. Que el dibujo quede bien no importa. Si lo que queda permite reconocer después qué se estaba haciendo, con eso basta.
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