Ego Onírico
Categoría: Psicología
El ego de la vigilia y el ego onírico
Quien actúa dentro del sueño parece el mismo de siempre, pero se conduce de un modo muy distinto. El ego de la vigilia está atado a las normas sociales, a la lógica y al sentido del tiempo, mientras que el ego onírico se mueve fuera de esas ataduras. Puede volar, atravesar muros, ir y venir entre el pasado y el futuro. Escenas así muestran al ego onírico actuando más allá de los límites que rigen en la vigilia.
Por el otro lado, el ego onírico aparece a veces dibujado como más débil que el ego de la vigilia: perseguido y sin lograr correr, queriendo gritar sin que salga el sonido, con el cuerpo inmóvil en el momento que más importa. En ocasiones el ego onírico sigue soñando mientras se da cuenta de que aquello es un sueño, y a ese estado se le llama sueño lúcido. Lo que sigue no es una exposición de la teoría junguiana en sí, sino la lectura de este sitio, tomada en préstamo de ese marco: los poderes y los límites del ego onírico se leen como espejo del estado en que se encuentra ahora quien sueña.
El ego onírico activo y el ego onírico pasivo
En el análisis de sueños, la actitud que el ego onírico toma ante lo que ocurre es una clave. Cuando el ego onírico actúa (resuelve el problema, se planta de frente, explora un lugar desconocido), cabe leerlo como señal de que el ego de la vigilia también tiene fuerza para caminar hacia sus tareas. Cuando en cambio se muestra pasivo (solo mira, se deja llevar, no hace más que huir), conviene considerar que quien sueña quizá sienta que no puede meter mano en la situación que está viviendo.
La clave que más sirve es cómo se desplaza esa actitud con el tiempo. Si un ego onírico que antes solo huía empieza en algún momento a plantarse de frente, cabe recibirlo como señal de que la disposición interior ha cambiado. Si se mantiene un diario de sueños, estos desplazamientos se pueden seguir después.
Sueños sin ego onírico y la mirada del observador
No en todos los sueños aparece un ego onírico. Hay sueños en los que la escena avanza desde la mirada de un observador, como si se estuviera viendo una película, y nadie actúa dentro de ella. Para esta forma se pueden plantear varias lecturas. Una es que el tema del sueño resulta demasiado pesado y el ego mantiene la distancia. Otra es que el sueño no trata de las circunstancias particulares de quien sueña, sino de un tema compartido de manera más amplia.
También hay sueños en los que uno se ve a sí mismo desde fuera. Cabe leerlo como que se ha abierto el espacio para mirarse con objetividad, y cabe leerlo igualmente como una distancia mantenida frente a las propias emociones. Hacia qué lado inclinar la lectura solo se decide junto con las escenas de ese sueño y con el regusto que queda al despertar. La posición del ego onírico, es decir si el sueño se vive desde dentro o se contempla desde fuera, si participa o solo observa, se lee como la distancia a la que está quien sueña respecto de ese tema.
El cambio del ego onírico y la individuación
Existe una lectura según la cual, a medida que avanza la individuación, cambia también el modo en que el ego onírico queda dibujado. También esto es una lectura tomada en préstamo del marco junguiano, no una serie de etapas confirmada por experimento. Al principio el ego onírico se mueve igual que en la vigilia, todavía atado a la Persona, es decir a la cara vuelta hacia fuera. A medida que se reconocen los lados que se habían apartado como Sombra, la conducta del ego onírico se vuelve más audaz y se ensancha el margen de lo que puede elegir.
Algunos sueños se leen como un contacto con el centro que el marco junguiano llama Arquetipo del Sí-mismo: una amplitud cósmica, la sensación de haber salido fuera del tiempo, la sensación de estar conectado con todo. Con todo, un ego onírico omnipotente no es la meta. Reconocer los propios límites y aun así poder dar un paso hacia lo que todavía no se conoce: al seguir los cambios del ego onírico, tomar eso como el punto a observar es lo que de verdad sirve.
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