Una calada como pequeña interrupción
Si en el sueño encendías un cigarro que ya habías dejado, ¿de qué querías alejarte por un instante? Soñar con cigarros dibuja, en forma de humo, el deseo de una pausa que te saque unos minutos de un tramo tenso y la culpa de concederte esa pausa. El fuego arde solo en un punto pequeño entre los dedos, y cuando el cigarro se acaba hay que volver a lo de antes. El cigarro del sueño es el símbolo de un descanso con final fijado.
La brasa que se acorta entre los dedos, la ceniza que cae al cenicero y el humo que se deshace despacio aparecen juntos en el sueño. Esos detalles muestran cuánto se ha recortado el espacio para respirar en un día tenso. Si en el sueño alguien te ofreció el cigarro, detrás de su rostro está quien quisieras que te permitiera esa pausa.
El fuego que enciendes y el fuego que se apaga
- Fumas un cigarro - En medio de un tiempo tenso, enciendes uno y aspiras el humo. Soltarlo despacio, en unos minutos propios, coincide con dejar salir lo que se siente sin ponerlo en palabras.
- Fumas aunque normalmente no fumas - En este sueño tú, que no fumas, sostienes un cigarro en los labios con mano torpe. Toser o moverse con torpeza son detalles ligados al desconcierto de ensayar un gesto que no parece propio y a la extrañeza de un papel nuevo que aún no encaja.
- Fumas aunque estás dejando de fumar - La mano que se suponía libre del tabaco acaba encendiendo uno. El arrepentimiento que pesa al terminar lleva el vaivén entre la promesa hecha a ti mismo y el gusto que dejaste, y la dureza con que fijaste esa promesa.
- Tienes un cigarro en la mano y no lo fumas - Sostienes entre los dedos un cigarro encendido y nunca lo llevas a la boca. La ceniza que se alarga cuenta cuánto tiempo llevas listo para respirar un momento sin llegar a permitírtelo.
- Otra persona fuma - Alguien cercano suelta el humo con evidente gusto. Conviven la envidia y la distancia ante el respiro o la holgura que esa persona tiene, y el humo que llega hacia ti coincide con la sensación de verte arrastrado a sus asuntos.
- Te ofrecen un cigarro - Quien te tiende un cigarro es alguien de un corro de fumadores. Ese cigarro trae a la vez la entrada al grupo y la adopción de sus reglas, y rechazarlo dibuja la postura de sostener la cercanía y tu propio límite a la vez.
- El encendedor no prende - Por más que lo frotas, el encendedor no prende. El encendedor que gira en vano o los fósforos que se frotan una y otra vez se vinculan con querer respirar cuando organizar el descanso ya pesa.
- Cigarros apagados - Lo que se apagó sin que lo notaras es el cigarro entre tus dedos. Guardar el cigarro apagado en vez de tirarlo pinta tal cual la dificultad de saber cuándo soltar un respiro o una relación que perdió el calor a mitad de camino.
- Cigarros mojados - El cigarro que sacas de la cajetilla está húmedo al tacto. Ese cigarro que no prende trae algo que esperabas disfrutar y queda inservible en tus manos, unido a la sensación de que la salida con la que contabas está cerrada.
- Cigarrillos rotos - El cigarro que ibas a llevarte a los labios se parte entre tus dedos. Recoger los pedazos dibuja una pausa o un hábito que se corta y el intento de recomponer un plan que se vino abajo.
- Compras cigarros - Lo que dudas frente a la tienda es qué marca comprar. Elegir así con tus propias manos un respiro sencillo coincide con medir cuánto margen queda para dedicarlo al gusto.
- Un cenicero lleno de colillas - Las colillas desbordan el borde del cenicero. Son el rastro de pequeñas renuncias o engaños, ligeros uno por uno, que nadie ordenó, y vaciar el cenicero muestra el deseo de poner en orden lo acumulado.
Un fuego pequeño que cabe entre los dedos
Soñar con alcohol muestra cómo la embriaguez afloja el broche de la razón y sale a flote lo que se contenía. En el sueño del cigarro la razón no se disuelve. La cabeza sigue despejada mientras inhalas, y solo cambia la manera de cortar el tiempo. Su contorno está más cerca de querer descansar sin perderse que de querer olvidarse de uno mismo.
Al soñar con fuego, las llamas se extienden hasta tragarse una casa o un cuarto y se vinculan con emociones o cambios que no se contienen. El fuego del cigarro se queda del tamaño de unos dedos. Es un calor pequeño que tú enciendes y tú apagas, y en eso se distingue del fuego que se propaga.
El mes en que decidiste dejarlo y la mesa de reunión en que callaste
Una reunión termina sin que expreses tu desacuerdo, y en el ascensor sueltas un largo suspiro. En una racha de tragarte lo que querías decir, el sueño saca afuera, en forma de humo, el aliento que no llegaste a soltar. El sueño de una calada tras un encuentro en el que cuidaste cada gesto, o tras un favor que no supiste rechazar, sigue ese mismo aliento.
En el sueño de fumar al poco de dejar el tabaco, se han ido también las pausas y los cortes que el hábito ocupaba, y el sueño llena ese hueco. El sabor del cigarro soñado y la fuerza del arrepentimiento posterior se dibujan con detalle, como las marcas de un medidor que señala el tamaño de ese hueco.
La mano que se rasca la cabeza al dudar y el encendedor del sueño
La actividad de desplazamiento designa una conducta que aparece, sin relación con ninguno de los dos impulsos, cuando dos o más motivaciones opuestas actúan con fuerza a la vez. Un ave que no decide entre atacar o huir picotea el suelo, y una persona que duda entre dos opciones se rasca la cabeza. Estas conductas incluyen a menudo actos que le dan bienestar al animal, como rascarse, acicalarse o beber. En las personas, además de los gestos dirigidos al propio cuerpo, se señala el manejo sin propósito de objetos, como morder un bolígrafo o girar un anillo, como indicio de estrés.
El gesto de buscar un cigarro en el sueño, leído a la luz de este concepto surgido del estudio del comportamiento animal y no del de los sueños, se parece a la mano que sale de quedar entre dos sentimientos. Hablar o callar, seguir o dejarlo. Ante una pregunta sin decidir, solo la mano busca el fuego. Que tras la calada algo quedara decidido en el sueño se vincula con cuánto avanzó esa pregunta.
¿De qué huye una pequeña transgresión permitida?
Soñar con drogas muestra el paso fuera de la ley y la curiosidad y la culpa ante lo prohibido. El tabaco, en cambio, es un producto permitido en ciertos lugares y a partir de cierta edad. El sueño del cigarro no trata del miedo a romper reglas, sino de la pequeña salida prevista dentro de lo permitido.
Esa pequeña salida también sirve para aplazar decisiones grandes. Mientras una breve pausa sostiene las cosas, no hace falta tocar opciones como cambiar de entorno o rechazar un papel. Lo que plantea este sueño es si esa pausa alcanza, o si, al sumar una tras otra, se va postergando algo de lo que en verdad quieres salir.
Los segundos antes de encenderlo
Lo que el cigarro del sueño quería cortar es la corriente que ocupaba los segundos justo antes de encenderlo. ¿Fue al terminar de oír las palabras de alguien, en medio de una tarea sin fin o en un silencio incómodo? La pista de este sueño está en esos segundos, más que en la escena de fumar.
El humo se disuelve sin dejar forma. Lo que volvió al cuarto del sueño cuando el humo se fue separa el cansancio que alivia un descanso corto del que no alivia ningún número de descansos.