Estructura narrativa onírica
Categoría: Interpretación de sueños
La estructura onírica de cuatro etapas de Jung
Jung tomaba el sueño como una obra de teatro y planteó leerlo en cuatro etapas. La primera, la exposición, equivale al montaje del escenario: aparecen el lugar, el momento y las figuras. Lo que asoma aquí es la situación psicológica en la que quien sueña se encontraba cuando tuvo ese sueño. En la segunda, el desarrollo, la trama empieza a moverse y la situación se enreda. La tercera, la peripecia, es el punto alto del relato, donde llega un hecho decisivo o un cambio de dirección. La cuarta, la lisis, equivale al desenlace, y se consideraba que contiene una respuesta del lado del inconsciente a la pregunta que el sueño había planteado. Jung anotó además que las cuatro no siempre están completas. La lisis, sobre todo, puede no llegar a aparecer, como si el telón cayera a mitad de la obra.
Incompletitud estructural y significado psicológico
No todos los sueños traen las cuatro etapas. Más bien es en la que falta donde hay algo que leer. Dentro de este marco, un sueño sin lisis, que se corta en el punto alto, se lee junto a un estado en el que las respuestas a un problema real todavía no acaban de reunirse. Un sueño con una exposición borrosa admite la lectura de que el contorno del problema aún no ha llegado a la conciencia. Un sueño que se salta casi todo el desarrollo y va directo al punto alto se toma como posible señal de que la complejidad del asunto quedó subestimada. Nada de esto significa que el estado psicológico se deduzca uno a uno de la etapa ausente. En este sitio usamos las cuatro etapas como una vara para volver a ordenar el contenido del sueño, y leemos el pasaje que falta como pista para buscar dónde queda algo que todavía no se ha puesto en palabras. Después de anotar varias veces sueños del mismo tema, una trama que al principio se cortaba a veces pasa a llegar hasta el final.
Resonancia entre narrativa onírica y estructura mítica
El patrón que Joseph Campbell extrajo de los mitos de distintas partes del mundo, el viaje del héroe, se puede superponer al movimiento de un sueño. Su armazón es la salida del mundo cotidiano, el camino de las pruebas, algo recibido en el punto más profundo y el regreso al lugar de partida. En los sueños también aparece ese movimiento: salir hacia un lugar desconocido, dar con un callejón sin salida y volver trayendo algo. Jung sostenía que el mito y el sueño reflejan los mismos patrones del inconsciente colectivo, así que no leía esa coincidencia como azar. La ida y la vuelta se pueden leer como el proceso de individuación plegado en pequeño. Leer la narrativa del sueño desde el lado del mito deja ver una capa más, por encima del marco de lo ocurrido esa noche: los cambios de rumbo que suceden en cualquier vida.
Práctica interpretativa usando la estructura narrativa onírica
Tener presente esta estructura da un orden a la manera de leer un sueño. Conviene empezar cortando el sueño en cuatro pasajes y ver qué ofrece cada uno. El lugar y las figuras de la exposición están en el sitio de «en qué situación se está»; el desarrollo, en el de «qué ha empezado a moverse»; la peripecia, en el de «cuál es el problema central»; y la lisis, en el de «hacia qué dirección hay un brote». La lisis es el pasaje que más merece atención. En el desenlace de un sueño hay a veces un camino que el pensamiento de la vigilia había pasado por alto. Si el sueño se detiene a mitad, cabe imaginar su continuación mediante la imaginación activa y cerrar el relato con la propia mano. Al anotarlo, basta con poner los cuatro pasajes como pequeños títulos y copiar el sueño debajo para que un hueco en la trama resulte más fácil de encontrar en una lectura posterior.
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