Cronotipo

Categoría: Ciencia del sueño

Base biológica del cronotipo

El cronotipo refleja las diferencias individuales del reloj interno que tiene su centro en el núcleo supraquiasmático (NSQ). El NSQ oscila de forma autónoma con un período de unas 24 horas y regula ritmos fisiológicos como la secreción de melatonina, la fluctuación de la temperatura corporal y la liberación de cortisol. La duración de ese ciclo endógeno varía de un individuo a otro: quien lo tiene algo más largo de 24 horas tiende al tipo vespertino, y quien lo tiene algo más corto, al matutino.

Cuando se habla de genética, suele decirse que los polimorfismos del gen PER3 guardan una relación estrecha con el cronotipo: las personas con secuencias repetidas de PER3 más largas se inclinan hacia la matutinidad, y quienes las tienen más cortas, hacia la vespertinidad. La genética, sin embargo, no lo decide todo. La edad ejerce su propia fuerza, con un giro hacia la vespertinidad en la adolescencia y un regreso hacia la matutinidad con los años, y la cantidad de luz que se recibe al amanecer y al atardecer, junto con los horarios de trabajo o de clase, empuja con igual intensidad.

Cronotipo y recuerdo onírico

La idea de que las personas vespertinas tienen un recuerdo onírico más nítido aparece una y otra vez cuando se habla de cronotipo y sueños. Se ofrecen al menos tres razonamientos. El primero es un desajuste de horarios: quien es vespertino vive a contramano de las jornadas que empiezan temprano, de modo que acumula deuda de sueño de forma crónica. En las noches que siguen a ese déficit, el sueño REM rebota y aumentan tanto su duración como su intensidad.

El segundo es el lugar en que cae el despertar. El sueño REM gana espesor en la segunda mitad de la noche, así que quien despierta tarde abre los ojos con más probabilidad en medio de un período REM, con el sueño todavía intacto. El tercero es la dirección de la atención. La vida nocturna deja hueco para la introspección, y en ese hueco crece el interés por los sueños. El interés atrae la atención, y la atención sostiene la memoria. Parte de la diferencia en el recuerdo quizá haya que atribuirla antes a ese interés que a la constitución.

Cronotipo y contenido de los sueños

El cronotipo roza también el color de lo que soñamos. Cuando una noche tras otra se duerme cargando un jet lag social, la tensión que el día no alcanzó a procesar entra en el sueño junto con ella. Si la ansiedad, el miedo y la ira aparecen con más densidad en los sueños de las personas vespertinas, tiene más sentido buscar la razón en esa tensión importada que en la constitución misma.

El vínculo con el sueño lúcido se menciona a menudo. Un sueño lúcido surge cuando la corteza prefrontal se activa parcialmente durante el sueño REM, y las personas vespertinas muestran patrones prefrontales propios incluso despiertas. Si hablan de lucidez con más frecuencia, esa firma neurológica puede ser parte del motivo. No se trata, en cambio, de una ecuación sencilla en la que ser vespertino garantice soñar con lucidez.

El cronotipo en la práctica onírica

Conocer el propio cronotipo rinde frutos cuando se construye una práctica de recordar y leer los sueños. Las personas matutinas despiertan de forma natural al alba, y eso facilita el registro en los minutos inmediatos al despertar. Las vespertinas suelen ser arrancadas del sueño por una alarma y sienten con más fuerza la inercia del sueño, de modo que registrar les exige una preparación más deliberada.

Lo primero que conviene probar, si uno es vespertino, es una alarma progresiva: que empiece suave y vaya subiendo de volumen. Evitar un despertar brusco basta a veces para conservar un fragmento que estaba a punto de disolverse. Ayuda además reservar una mañana en la que se pueda despertar sin alarma, un fin de semana por ejemplo, y llenar ese día el diario de sueños con detalle. Trabajar a favor del propio ritmo biológico, y no contra él, es el camino más corto hacia una relación duradera con los sueños.

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