Red de modo predeterminado
Categoría: Ciencia del sueño
El descubrimiento de la DMN y sus regiones
La red de modo predeterminado (DMN, por sus siglas en inglés) es una red funcional del cerebro que Marcus Raichle y sus colaboradores bautizaron en 2001. Los estudios de resonancia magnética funcional revelaron un conjunto de regiones cuya actividad aumenta de forma constante cuando la persona está en reposo y no resuelve ninguna tarea concreta. Sus componentes principales son la corteza prefrontal medial (mPFC), la corteza cingulada posterior (PCC), el precúneo, el giro angular y el lóbulo temporal medial. Estas regiones muestran un patrón paradójico: su actividad baja mientras se ejecuta una tarea y sube cuando no se hace nada en particular. Lo notable del hallazgo es que desmontó la suposición intuitiva de que un cerebro en reposo es un cerebro inactivo. La DMN interesa a quien piensa en los sueños porque este grupo de regiones parece sostener la costumbre del cerebro de armar relatos por su cuenta, incluso cuando apenas recibe información del exterior.
La DMN y la formación de los sueños
Se ha informado que la actividad cerebral durante el sueño REM coincide en parte con el patrón de activación de la DMN. La actividad de la corteza prefrontal medial y de la corteza cingulada posterior, en particular, se discute en relación con la manera en que el sueño construye un relato alrededor de quien sueña. La DMN es además la base neural de la divagación mental y de las ensoñaciones diurnas, lo que llevó a tratar la fantasía de la vigilia y el sueño nocturno como dos puntos de un mismo continuo. En los experimentos sobre sueños lúcidos se ha observado una reactivación de la corteza prefrontal dorsolateral que no aparece en los sueños ordinarios. El dato sugiere que la metacognición que permite advertir "esto es un sueño" se apoya en una base neural distinta de la del soñar.
El pensamiento autorreferencial y el contenido del sueño
La función central de la DMN es el procesamiento autorreferencial. Recordar el pasado, imaginar lo que viene, adivinar lo que siente otra persona, recomponer hechos dispersos dentro de la propia historia: todo ello es trabajo interno organizado en torno al yo. Que quien sueña sea casi siempre el protagonista, por muchos personajes que aparezcan, se considera que corresponde a la actividad de la DMN. Como la DMN participa también en el procesamiento emocional, la tendencia de los episodios con carga emocional a colarse en los sueños se explica dentro del mismo marco. En la depresión se sabe que la hiperactividad de la DMN se asocia con la rumiación, ese estado en el que un mismo pensamiento no se va, y ese vínculo sirve de referencia para pensar qué hace la mente mientras dormimos.
Cómo aprovechar lo que se sabe de la DMN
Lo que se conoce de la DMN puede orientar la forma de trabajar con los propios sueños. Se han descrito diferencias en los patrones de actividad de la DMN en personas que practican meditación. Por otro lado, hay encuestas según las cuales quienes meditan de forma habitual informan sueños lúcidos con más frecuencia. Son dos hallazgos separados y no está demostrada ninguna cadena causal según la cual frenar la DMN con la meditación vuelva lúcidos los sueños. La incubación de sueños, es decir, decidir antes de acostarse el tema que se quiere soñar, funciona a veces porque la DMN interviene también en la simulación interna dirigida a objetivos. Llevar un diario de sueños suele aumentar la cantidad de sueños que se logran recordar, y ello se atribuye a ejercitar una y otra vez esa misma capacidad de enlazar la memoria autobiográfica. Ninguna de las dos es una técnica que rinda en una sola noche: ambas suponen acumular varias semanas de anotaciones y repasarlas.
¿Le resultó útil este artículo?